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No sé por qué, de pronto hoy,
siento un nuevo florecer
en mi esqueleto,
una paz de retama
que alegra la gravidez
del horizonte.
¿Serán las líneas de siempre
que me hacen señales equívocas
desde la mentira del espejo?
Perdonen, no les dije mi edad,
pero me gusta sentir la primavera
en la aventura diaria de la sangre,
sin preguntarme si soy feliz,
-la muerte silbando-,
sintiendo a dos carrillos,
a dos pechos erguidos,
a dos nupciales sábanas,
domingueando, como si nada.
Perdonen, otra vez,
mi falta de modestia,
pero llevo años aguardando
para decirlo con la boca llena,
amo esta vida
aunque con maña me confunda.
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